En los transportes públicos sucede algo parecido a lo que John Locke expresó como Estado de Naturaleza en el
Leviatán: "un estado de guerra, de lucha, de todos contra todos"
¿En búsqueda de qué? De un asiento!
Se ven rostros como preocupados, en los que nada importa más que sentarse.
Sin importar si el viaje es corto o no, si hay alguien mayor o una señora embarazada que tenga más prioridad para sentarse.
Nada importa.
Y ese mal humor que circula ya desde que uno sube, por ejemplo al colectivo:
-1, 10
-¿Hasta donde viaja?
- Hasta Reconquista
- No, pibe, hasta ahi es 1,20
Exagerando, se podría decir que 1 de cada 10 pasajeros saludan al conductor del colectivo(léase chofer).
No existe el "Buenos días", ni tampoco el "Por favor"
Tampoco parece importar mucho el espacio que uno ocupa. Quiero decir, hay algo que se repite que generalmente las primeras dos filas de los asientos de a dos(esos que están detrás de la puerta principal) , claro, son ocupadas por parejitas de entre 15 y 35 años, que andan beso tras beso, con una mano masculina que suele escaparse... en pleno transporte público, y luego están los lectores.
-¿Bajas en la próxima?
- No, no ...
- ¿Y entonces por qué no te corrés?
Fue un diálogo que tuve el otro día, instando yo al señor a correrse.
Nada importa. No importa si te bajas en la próxima parada, si hay más lugar en otra parte. Por eso reitero lo de la "lucha de todos contra todos".
"El viajar es un placer"... Eso decía Pipo Pescador, pero evidentemente, al menos en Buenos Aires, viajar en transporte público dista mucho de ser un placer, pero no solo por la ineficiencia de los servicios, sino por la ineficiencia y el no respeto de los señores pasajeros.
Igual, algo gracioso que me pasó el otro día fue que una señorita me preguntó: "¿Apretaste el botonito?" (en vez de botoncito), estaba a punto de decirle que se decía botoncito, pero me dio un poco de ternura, así que no le dije nada sobre eso .
Ahora sí, con permiso...